sábado, abril 30, 2016

Dios es quien pelea por nosotros



Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo [Josué 23:10].



Tenemos grandiosas promesas en Dios y en su Palabra que merecen ser leídas y atesoradas en el corazón y en la mente. Muchas veces los que se dicen ser creyentes sufren, están desanimados, depresivos, enfermos; y es por el solo hecho de ser irrespetuosos con el Señor y su Palabra; no leen y desconocen las promesas de Dios. Cuando se presenta un problema parece ser que no tiene solución; y aparentemente el problema es más grave y más grande de lo que parece; el motivo de esto es que ignoramos las promesas.

No importa cuántos vienen contra nosotros; no importa cuán fuertes y poderosos aparentan ser los problemas; no importa cuál y quién es; no importa el nombre ni el tamaño del problema; no importa si es demonio, no importa si es potestad, no importa si es principado, no importa si es hombre fuerte, hombre flaco, hombre grande, pequeño, negro, blanco, etc. La promesa es que Dios combatirá por nosotros; y eso es lo que cuenta. Ya vimos en la antigüedad, que Él prometió todo eso a los que creen, a los que permanecen fieles y practican sus palabras.

Nuestro Dios peleará por nosotros; aunque seamos débiles e inexpertos a los ojos del mundo; su Palabra dice que somos más que vencedores; en cualquier guerra, en cualquier lugar, con cualquier problema; no importa si es demonio, no importa si es dificultad, no importa si es monte, no importa nada de eso; lo que importa es que Dios pelea por nosotros y con nosotros.

Perseguiremos a mil, grandiosa promesa; Dios sabe de esto; porque Él lo ve de esta forma. Los problemas tienen que desaparecer si permanecemos en la disciplina del Reino de Dios; esa promesa es para los que son fieles y se esfuerzan para caminar de fe en fe; esa es la condición. Entregarnos totalmente a Él y caminar en fe y obediencia; de seguro que tenemos la victoria de esta guerra en nuestras manos. No hay porqué dudar.

De manera que debemos practicar las promesas; ya están todas hechas en Dios. Esa es la fe que nos transforma en poderosos para deshacer toso los problemas. El Señor nuestros Dios es quien pelea por nosotros.


jueves, febrero 25, 2016

ESPERAR EN EL SEÑOR

                                

Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor [Salmo 40:1].

La confianza es la seguridad íntima con la que se hace algo. Cuando vivimos en la “FE” esa seguridad trae tranquilidad en relación a la respuesta y es la firmeza de ánimo que debemos poseer cuando vivimos por la “FE”; la fe nunca falla, la fe nunca se equivoca, la fe trae respuestas y la fe trae paz. Esperar en el Señor, es fe. [Salmo 5:3] “oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré”. David oraba y esperaba; David oraba y no se desesperaba, esa era una práctica constante en su vida.
¿Por qué y para qué confiar en los hombres? Ellos son imperfectos; siempre fallan; creer en éste, creer en aquel, esperar en éste, esperar en aquel; perdemos el tiempo. Muchas veces nos enfrentamos con situaciones que nos son adversas y no encontramos respuestas, ni salida; entonces, debemos preguntarnos en quién estamos confiando.
Así ha dicho Jehová: maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. [Jeremías 17:5].
Los que ponen su confianza en sí mismo y en los recursos humanos están condenados a la desilusión, a la pobreza espiritual y a la perdición definitiva. Por el contrario, los que confían plenamente en el Señor, serán bendecidos y finalmente recompensados con una herencia incorruptible y divina. No temerán, ni estarán ansiosos en ninguna de las circunstancias de la vida porque sus raíces se han profundizado con Dios.
¿Por qué confiar en el hombre; si el corazón es engañoso?
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?   [Jeremías 17:9].
El corazón es el ser interior de una persona y abarca los deseos, y sentimientos de ella. Sobretodo, es en extremo perverso y corrupto; como resultado, la gente se vuelve soberbia, arrogante; se vuelve al egoísmo y a la maldad. El corrupto corazón humano no puede transformarse por sí mismo. Entonces creer en el hombre y esperar en el hombre no trae buenos resultados.
Debemos confiar en Dios que jamás fallará. Para agradar a Dios, debemos hacer como David, que esperó confiadamente,  inclusive antes de saber que había sido oído. Esa es la confianza que jamás se quebranta y es la confianza que no tiene nada que ver con el sentimiento; porque es la firmeza de ánimo que nos sustenta hasta obtener la victoria. Dios es el único digno de confianza; creamos en Él; ya oyó nuestro clamor desde los cielos.
A partir de ahora nuestra meta será “Esperar en el Señor” diariamente como una práctica constante, y de esta manera la “FE” aumentará en nuestras vidas.


sábado, febrero 20, 2016

CINFIANZA EN MEDIO DE LA GUERRA



Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado [Salmo 27:3].

Es fácil confiar en Dios cuando todo está bien, es fácil confiar en Dios cuando se tiene un plato de comida en la mesa, cuando tenemos con qué vestirnos; es fácil confiar en Dios cuando todo es color de rosas; es fácil confiar en Dios cuando los enemigos están lejos; es fácil confiar en Dios cuando lo tenemos todo, alimentos, vestimenta, calzados, etc.  Cuando tenemos dinero en nuestro poder, es muy fácil confiar en Dios.
David manifestaba confianza en medio de la guerra, frente al enemigo; eso era una demostración clara de su fe; la certeza de que Dios estaba con él en medio de las dificultades; en medio de la adversidad; en medio de la fatiga.
Hay situaciones en la vida que parecen adversas, muy complicadas, contrarias a lo que uno espera; muchas veces el entorno que nos rodea se hace complicado, y aun las personas se vuelven complicadas; todo esto no debería desanimarnos, muy por el contrario; es una oportunidad para manifestar nuestra fe y confianza en Dios. Tal vez Dios nos ha creado una situación adversa [Isaías 45:6-7], para fortalecernos, y para que no seamos soldaditos de chocolate, sino verdaderos soldados  de Jesucristo para enfrentar la guerra, a Satanás, sus demonios y todas las situaciones adversas que se nos presentan.
¿Cómo enfrentaremos las situaciones adversas, si nuestra fe no es pura? ¿Cómo estar de pie si nuestra fe no es probada? ¿Con qué cara o actitud nos dirigimos a Dios si nuestra fe no es sincera?
[1Pedro 1:7] Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.

La fe debe ser probada, la fe debe ser pulida, la fe debe ser pura. La fe es más precisa que el oro.
Queremos servir a Dios y  nuestra fe es frágil, queremos agradar a Dios y nuestra fe no es pura, no es sincera. Pensamos que es el diablo que nos pone trabas, pensamos que es el enemigo que nos enreda todo; pero lo cierto es que nuestra fe debe ser probada por Dios.
Estamos en el tiempo final, y estamos viviendo el fin, estamos en la batalla final, donde lo que se está perdiendo es la fe por causa de todo lo que está ocurriendo en el mundo. Son tiempos malos lo que estamos viviendo; y es ahora donde nuestra fe debe ser fortalecida.
A partir de ahora, aprenda a enfrentar las situaciones adversas en su vida; su fe está siendo probada. Si se quiere servir a Dios, la fe debe ser probada y aprobada por Dios mismo para agradarle en todo; porque sin fe es imposible agradar a Dios. Se debe caminar en la fe y no por vista, ni sentimientos; se debe perseverar en la fe hasta el final.



domingo, febrero 14, 2016

LAS BUENAS PALABRAS DE DIOS

             

Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas  [Josué 23:14]

Ninguna de las promesas de Dios falló en la vida de aquellos que creen; ninguna de ellas, ni tan solo una cayó por tierra. No fallará hoy, no fallará mañana, ni fallará en el futuro próximo. Todas las promesas escritas en su Palabra se cumplirán y continuarán cumpliéndose en nuestra vida y en la de aquellos que creen. Pero hay una condición, la “FE”. Cuando hay fe, hay obediencia. Es imposible agradar a Dios sin fe, imposible. No se puede dudar de Dios habiendo un enfermo con cáncer, si Dios es nuestro sanador; no se puede dudar de Dios habiendo hambre en el mundo, si Dios es nuestro proveedor; no se puede dudar de Dios habiendo pobreza extrema en el mundo, si Dios es rico en todo. Clamemos a Dios, Él es la fuente de todo; Él es el Dios Todopoderoso.
Las promesas de Dios están escritas para leerlas, meditarlas y practicarlas. Si las leemos, las meditamos; las debemos practicar con fe para que se cumplan en nuestra vida. Reclamémosle a Dios lo que prometió, aun cuando hayamos obtenido respuestas a nuestras oraciones. Practiquemos nuestra fe; no permitamos enfriarnos cuando el enemigo nos ataca con pensamientos negativos de que “nunca lograremos nada”; cuando vienen esos pensamientos negativos de que “somos fracasados”; todo eso es una mentira del diablo; Satanás es un fracasado, los demonios son unos fracasados. No permitamos  vivir otra cosa que no sea nuestra fe. Es la fe la que vence al mundo y todo lo que se nos viene encima; no hay razón alguna para desistir.
Escrito está: Mas el justo vivirá por fe; si retrocediere, no agradará a mi alma [Hebreos 10:38].
El capítulo once de Hebreos demuestra la naturaleza de la única clase de fe que acepta Dios, que es la fe que triunfa en la peor de las circunstancias. Es la fe que cree en las realidades espirituales; lleva a la justicia, busca a Dios, cree en su bondad, confía en su Palabra, obedece sus mandatos, vive conforme a sus promesas, rechaza el espíritu del malvado y enfermo mundo actual, anhela el hogar celestial, persevera en medio de las pruebas, bendice a la generación siguiente, rechaza los placeres del pecado, soporta la persecución, realiza obras poderosas de justicia, sufre por Dios y nunca regresa a la tierra de donde había salido, o sea, al mundo y la esclavitud.
Mantener la llama encendida de nuestra fe para garantizar el cumplimiento de todas las promesas de Dios es tarea diaria en este caminar cristiano. No hay porqué dudar.
Todas las promesas están encaminadas y programadas para cumplirse en la vida de aquellos que creen si se permanece en obediencia y en la práctica de la Palabra de Dios y una comunicación directa con Él, en  santidad; apartado de lo que nos distrae y nos apaga.
La “FE” es el arma poderosa que tenemos en este mundo cruel, enfermo y lleno de tinieblas. Con la fe se abren puertas, con la fe se construyen cosas, con la fe se detienen las tormentas, con la fe se aplasta al enemigo debajo de nuestros pies, y con la fe se heredan las promesas de Dios.
[Hebreos 10:23]  Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Fiel es el que prometió; Dios siempre permanecerá fiel a nosotros. Es por eso que debemos mantenernos firmes en la “FE”; mirando hacia adelante, sin fluctuar en nuestro caminar con Cristo. Todo lo demás es pasajero.



jueves, febrero 11, 2016

"Por vuestra poca fe"




Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible  [Mateo 17:20].

Pensamos que estamos sufriendo porque es una prueba, tal vez una cruz, o a lo mejor un karma, o puede ser que lo que estamos pasando sea por lo que hicieron nuestros antepasados. Existe un cúmulo de ideas y una gran porción de tonterías que vuelan por allí y hacen nido en nuestra cabeza, y por lo tanto, afectan nuestra mente y neutralizan nuestra creencia; todo esto son mitos, cuentos y enseñanzas erróneas que nada tienen que ver con la “FE”; la fe verdadera, o la verdadera fe en Jesús. Por eso, muchas veces nos vemos inmovilizados en una situación desesperante que nos tiene estancados, vemos que no avanzamos, ni para atrás, ni para adelante; y nos preguntamos si ese sufrimiento es injusto realmente; es entonces, que de esa manera la fe no logra ser eficaz.
¿Qué padre castigaría o probaría a su hijo con un cáncer? ¿Qué padre colocaría a su hijo una enfermedad como lección para que aprendiera algo? Pensamos que no, no sería lo correcto; como humanos que somos, nunca haríamos algo así. Entonces, ¿Por qué pensar que Dios siendo perfecto, misericordioso, lleno de amor, y de bondad, haría algo así?
Las tribulaciones, el sufrimiento, el desengaño, la traición y las pruebas que la Palabra de Dios dijo que tendríamos, son realmente por causa del evangelio. Cuando somos despreciados por servir a Jesús, cuando somos perseguidos aparentemente sin causa alguna, cuando somos rechazados por nuestros familiares, cuando padecemos en esta larga caminata que nos lleva a la meta de la salvación; en fin, un sinnúmero de situaciones adversas por predicar a Cristo; todo esto lo entendemos. Pero hay otras situaciones, que son desesperantes y que sólo debemos enfrentarlas con la fuerza de la fe. No todos tenemos la misma fe. Algunos en mayor medida, otros en menor medida, pero a todos se nos dio y se nos proveyó una medida de fe para enfrentar ciertas situaciones. A veces vemos el problema mucho mayor que la fe que se nos proveyó; y lo cierto es que la fe para sanar un cáncer, sanar un paralitico, una enfermedad, un problema grave, no necesitamos tener fe como un monte de grande, sino muy por el contrario; tener fe como un grano de mostaza para decirle a un monte, pásate de aquí allá, y éste se pasará sin ningún problema. Debemos enfrentar los problemas y las situaciones adversas con la fuerza de la fe, y tener la certeza de que no fue eso lo que Dios les destinó a sus hijos. En cierta ocasión Jesús reprendió a sus discípulos por no poder echar fuera un demonio, y que no era del tamaño de un monte; y eso se debía  por su falta de fe.
La fe de muchos se ha apagado; y eso es por estar divagando en lo que no tienen que estar, ven y miran demasiadas tonterías, y también escuchan demasiadas tonterías y enseñanzas que nos terminan apagando. Pierden demasiado tiempo en cosas inútiles y en las tecnologías del mundo y de los demonios. Cuando caemos en esa clase de tonterías nuestra fe se va apagando y la duda va creciendo. La duda corroe, la duda corrompe, la duda contamina y la duda hace hundir en el agua. Todavía muchos no saben lo que la “FE” es capaz de hacer, y lo que Jesús es capaz de hacer a través de la fe; y cómo el Espíritu Santo se movería en este mundo corrupto y enfermo; tal vez hubiesen menos enfermedades en el mundo, menos dolencias, menos pobreza, menos endemoniados, más serpientes amarradas, menos religiones, menos religiosos, menos de todo mal en el mundo; en fin, si se tiene fe, como un grano de mostaza. La fe mueve montañas. Todo es cuestión de “FE”. Pero sin “FE” es imposible agradar a Dios [Hebreos 11:6].



             

jueves, febrero 04, 2016

Solamente palabras vanas




                   

“Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia” [Efesios 5:6].

Hoy en día no estamos muy acostumbrados a oir hablar sobre la ira de Dios en las iglesias; tal vez porque suena muy asombroso para muchos, y para otros quizás, sea un poco molesto y dejen de congregarse. Tal vez parece que el miedo de perder miembros obliga a los predicadores a omitir el tema; ya que éste, no los hace muy populares. El amor, la Gracia, el perdón, la misericordia, la prosperidad, y las riquezas de Dios siempre están a la orden del día en los temas que se van a exponer desde los púlpitos; y dicho sea de paso, ¡Benditos sean!; todos son bíblicos.
Son temas atractivos, hacen sentir bien a la gente; a ¿Quién no le gustaría que Dios le diera riquezas, carros nuevos, mansiones de lujo, billeteras llenas de dinero, cuentas gordas en los bancos, yates, trajes de lujo, relojes finos, etc.? y la lista sería muy larga; total la fe da para todo, pero, en definitiva es todo material y arderá en fuego; todo eso es vanagloria. Claro está, que hay iglesias que buscan todo esto y están llenas, y los miembros, jamás se pierden una reunión, o un culto, ni siquiera por un catarro; es que evidentemente éstos temas satisfacen a todos los públicos y no incomodan a nadie; ni siquiera al infierno, y Lucifer también asiste a la congregación a escucharlos atentamente.
Éstos temas sensibilizan la mente de las personas y causan una sensación de que todo marcha bien y en victoria y que al fin de cuentas, después de todo, el Dios del Cielo, les abrirá las puertas a todos, sin importar como estén; manchados, rayados, listados, pintados o abigarrados, como el ganado de Jacob; no importa, somos todos hijos de Dios; y todo el que crea diga ¡Amén!
Es muy difícil, tal vez contradictorio, imaginar la ira de Dios, o un Dios que esté enojado con alguien cuando su propia Palabra  dice que “Él es amor” [1Juan 4:8,16].
Su Palabra no puede contradecirse, Él es tanto amor como justicia; y nunca tolerará injusticia o pecado entre sus hijos. Quién conoce y cree la verdad, pero vive en la mentira, vive en las cosas vanas, vive en la vanagloria de la vida, en las tentaciones de los ojos, en la soberbia, en la arrogancia y en cosas mundanas que ofrece el mundo y los demonios, está jugando con la fe y la salvación del alma.
El pueblo de Israel enfadaba a Dios con sus idolatrias, con sus quejas, con su desconformismo, con su rebeldía y desobediencia, y ellos pensando que la observancia de las tradiciones religiosas compensaba sus pecados. Hoy en día no se está muy lejos de ser como el pueblo de Israel, es exactamente lo que le ha sucedido a muchos creyentes en la actualidad; ellos piensan que el amor y la gracia de Dios cancelarán sus carnalidades. Tal vez se olvidaron de predicar este pasaje, que está escrito y no se ha borrado, tal vez algunos lo quieran quitar de la Biblia, otros hacen la vista gorda, en fin, el pasaje en cuestion [Romanos 1:18] Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.
La ira de Dios es una expresión de su justicia y amor; es el enojo de Dios y su reacción permanente a todo pecado e injustica [Ezequiel 7:8-9] provocada por la conducta malvada de algunas personas. El mismo Jesús manifestó su ira cuando entró en el templo y echó afuera a todos los que hacían negocios en el mismo templo. Hoy en día cuántos hacen negocio con la Palabra de Dios; la tuercen, la tergiversan, le dan vueltas, la enroscan, le hacen torniquetes a ver si sale, o lo que salga; y le dan otro sentido a lo que quiere decir, la moldean a gusto y placer; y todo esto, lo hacen en el mismo templo, engañando a la gente. Muchos se han enriquecido con la venta de levadura, en ésta gran masa que es el mundo de la religión. Si estás con uno eres obediente; si estás con el otro eres rebelde; la idolatría da al cuello y quieren que digas lo que ellos quieren. Mejor no decir absolutamente nada, como cordero al matadero. ¡Amén!
Que nadie cuente con la compasión y la benevolencia de Dios para mantenerse en el pecado, porque la ira de Dios se revela sobre todos los rebeldes, hijos de la desobediencia.
Debemos aprovechar el poco tiempo que nos resta para hacer un examen de conciencia y firmar una alianza con Dios y alejarnos de todo lo que nos distrae, nos perjudica, y no ser cómplices con aquellas personas que adulteran la Palabra de Dios para su conveniencia, para su enriquecimiento o llenar las arcas de las ofrendas para su propia perdición. Debemos recordar que Dios es amor, pero también es fuego que consume.

domingo, enero 31, 2016

AL ABRIGO DEL ALTISIMO



“Porque has puesto al Señor, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada”. [Salmo 91:9-10].

Para garantizar que seremos guardados del mal que este mundo está sufriendo y padeciendo, es necesario, indiscutiblemente, tener un pacto con Dios. Está escrito que ningún mal nos sobrevendrá a los que habitamos al abrigo del Altísimo. Debemos hacer de Él nuestro refugio, hagamos de Él nuestra protección, hagamos de Él nuestro santuario. Refugiémonos en su Divina Presencia y creamos en el Dios verdadero, el Dios de verdad, el Dios que no puede mentir. “No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada”.
Comencemos este año en la presencia de Dios. Lo que comienza bien, termina bien. Aunque el mundo se esté cayendo a pedazos, aunque la economía del mundo vaya de mal en peor, aunque los gobiernos no puedan tener control, ni encontrar soluciones a la crisis; no importa lo que diga la gente, no importa lo que digan los noticieros; no importa, nosotros tendremos paz por dentro. Aunque este año, para el mundo sea peor que el anterior, no importa, habrá bendiciones abundantes en la vida de los que le han sido fieles a Dios y han hecho de Él, su morada.

Esa certeza de que estamos seguros, es la “FE” consciente; la fe que hace pasar por tormentas, tempestades, por ríos, por altibajos; esa fe que hace caminar sobre el agua. Esa fe que nos sustenta en los momentos más difíciles, esa fe nos hace mantener la confianza de que pase lo que pase, estaremos seguros en el Altísimo; Él es nuestra habitación; una habitación donde el mal y la plaga jamás nos tocará. En Él, estamos protegidos y más que seguros.

sábado, enero 30, 2016

EL LIMPIO PENSAMIENTO



                             

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” [Filipenses 4:8].

Analicemos nuestros pensamientos. ¿Qué ocupa nuestra mente? Lo verdadero, lo justo, lo puro, lo bueno, lo limpio, etc. “Si permanecemos fieles hasta el fin” No hay cómo permanecer fiel hasta el fin, sin vencer los malos pensamientos. La salvación no es fácil teniendo pensamientos de duda; teniendo pensamientos impuros, teniendo pensamientos negativos, teniendo pensamientos de derrota, teniendo pensamientos de miedo. La mente es una maquinaria que no descansa; constantemente está recibiendo señales del mundo exterior, un bombardeo del ambiente que nos rodea;  la mayoría son ideas negativas de un mundo corrupto y enfermo, y muy pocas veces son ideas buenas. Debemos pensar ¿Qué estamos recibiendo en nuestra mente? El Señor habla de la puerta estrecha y del camino angosto [Mateo 7:14], Él nos muestra cuán difícil es la salvación; y solamente frente a las tentaciones, a los desiertos, a las pruebas y a los desafíos de esta vida, entenderemos el peso de sus palabras.
Uno de los mecanismos para mantener la salvación es la oración en el espíritu y con el Espíritu Santo, inmediatamente debemos hacer ésta oración después de haber tenido malos pensamientos; instantáneamente deben ser reprendidos todo mal pensamiento en el “Nombre de Jesús” con toda fuerza y con toda voluntad deben ser expulsados de nuestra mente. Si no los resistimos de inmediato, ganan fuerza, amenazan nuestra conciencia y consecuentemente nuestra salvación; por lo tanto, nos contaminamos de toda esa basura.
Los pensamientos son inevitables; vendrán a nuestra mente en el momento menos esperado; un cúmulo de ideas y pensamientos que quieren hacer fortalezas en nuestra mente para desenfocarnos de nuestra salvación. Los pensamientos positivos deben ser almacenados y alimentados, y los negativos de ser expulsados, desterrados y quebrantados de inmediato por medio de una oración;  aunque tengan la apariencia de buenos y parezcan tener sentido. No podemos impedirlos venir; pero tenemos el poder y la autoridad para reprenderlos y limpiar nuestros pensamientos.

A partir de este momento, vamos a vigilar nuestros pensamientos y mantener en nuestra mente solo lo que es bueno, puro, santo respetable y verdadero; y nunca más pensamientos de derrota, de debilidad, de miedos. Los pensamientos negativos que nos hacen debilitar jamás harán nido en nuestra mente. Ahora ejercitaremos la mente del Señor [1Corintios 2:16] y renovándonos cada día en el espíritu de nuestra mente [Efesios 4:23].

miércoles, julio 23, 2014

UN SACERDOCIO SANTO


                         

vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo [1Pedro 2:5]

 

En el Antiguo Testamento el sacerdocio estaba restringido a una minoría selecta. Su actividad distintiva era ofrecer sacrificios a Dios a favor de su pueblo y comunicarse directamente con Dios

Las responsabilidades sacerdotales en todas las sociedades son básicamente dos: La ejecución de los ritos religiosos y la comunicación con la deidad. El sacerdote cuida del santuario y comunica las decisiones divinas. Representa al pueblo delante de Dios y a Dios delante del pueblo.

Los estudiosos del Antiguo Testamento reconocen ahora que el sistema ritual de la religión de Israel comparte con los pueblos vecinos varias prácticas que antes se consideraban exclusivamente hebreas. Hay semejanzas notables con otros pueblos en la forma exterior de los ritos, pero esto no solamente no destruye el aspecto singular de la fe hebrea, sino que tampoco disminuye la importancia de esta fe como vehículo de la revelación divina. El sacerdocio en sus inicios respondió a las necesidades más profundas del corazón del hombre y, posteriormente, en la misión de la iglesia, proveyó un punto de contacto con las religiones no bíblicas.

 

 I- EL DESARROLLO DEL SACERDOCIO EN ISRAEL

A]- En el período patriarcal

Aunque el sacerdocio es el más antiguo de los oficios sagrados de Israel, el conocimiento de su historia es limitado. En cuanto al aspecto ritual, el jefe del clan era el llamado a construir un altar, levantar un pilar o plantar un árbol para señalar el lugar de una manifestación sagrada, como también a efectuar el oficio del  Sacrificio [Gn 8.20]; [1 R 18.31, 33]. Sin embargo, aun en tiempos patriarcales no se desconocía la necesidad de utilizar a una persona especialmente dotada para consultar a Dios.

El cuadro bíblico de la vida religiosa de Israel durante este período no revela un sistema muy desarrollado. Los altares, numerosos pero sencillos, reflejaban las exigencias de la vida nómada.

B]- En el período pospatriarcal

Desde Moisés el sacerdocio experimentó gran desarrollo. Ya no era solo el jefe patriarcal quien desempeñaba el papel sacerdotal, sino ciertas personas encargadas expresamente de un oficio hereditario, como la familia levita de Aarón [Éx 28], y en vez de ofrecer sacrificios sobre varios altares se disponía de un  Santuario ambulante que por su santidad exigía un cuidado especial.

La jerarquía levítica abarcaba al  Sumo sacerdote (Aarón, Eleazar, etc.), distinguido por un ungimiento especial y vestimenta singular, a los sacerdotes encargados del culto y a los  Levitas encargados de los deberes del culto comunes. Aunque al principio el sacerdocio no se limitaba a la tribu de Leví, el relato de Micaía [Jue 17] sugiere que el sacerdocio levítico era preferido. Es posible que otras personas no levíticas se incorporaran al sacerdocio levítico [Dt 33.8, 9].

Las relaciones entre Dios y su pueblo dependían en gran parte del oficio sacerdotal. Era el sacerdote quien comunicaba la palabra de Dios y aseguraba la precisión ritual en los actos de adoración. Solo el sacerdote podía manipular el  Urim y Tumin [Dt 33.8]; [1 S 28.6], y dar dirección en momentos de crisis, sobre todo con relación a la guerra santa.

Como guardador de las revelaciones pasadas y las experiencias del pueblo, el sacerdote era capaz de enseñar al pueblo la ley, distinguir entre lo limpio y lo inmundo, pronunciar con precisión las fórmulas de bendición y maldición, y hacer las decisiones finales con respecto a ciertas enfermedades y problemas físicos [Lv 11–15].

Las responsabilidades sacerdotales aumentaron cuando menguó la participación del laico en las ceremonias [Lv 1–6]. El sacerdote esparcía la sangre, quemaba el sacrificio y participaba en la comida sagrada.

El mantenimiento de los sacerdotes dependía de las ofrendas del pueblo, como la de las primicias del campo y los rebaños [Éx 13.12, 13]; [Nm 18.12–19], de cierta parte de los sacrificios, del pan de la proposición, y de una porción de los diezmos [Nm 18.26–28].

A pesar de la importancia del sacerdocio en Israel, durante el culto el sacerdote tenía ciertos límites desconocidos por otros pueblos. La prohibición de las imágenes no permitía la manipulación humana de la deidad, pues, según el concepto arcaico, una representación compartía la esencia de la realidad cósmica o terrenal que representara. Moisés, en oposición a los cultos de la fertilidad, tampoco permitió la construcción de altares hechos de piedras labradas [Éx 20.24, 25].

C]- En el período monárquico

Al terminar el período de los jueces, en Israel había dos familias sacerdotales de origen levita: la de Dan [Jue 18.1–4]; [1Cr 23.14, 15] y la de Silo, más tarde de Nob [1S 1–4]; [1 S 21.1–9]. Saúl, en un momento de locura, mandó matar a todos los sacerdotes de Nob. Abiatar escapó y se refugió con los proscritos de David en el desierto. Al establecerse en Jerusalén la capital del reino, Abiatar compartió con Sadoc el sumo sacerdocio de Israel.

Con la división del reino, Jeroboam, “hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví” [1 R 12.31]. Había, sin embargo, muchos levitas en el reino del norte y la mayoría de los sacerdotes debían haber sido de ellos. Desde la conquista, los levitas habían habitado ciertas ciudades esparcidas por todo el territorio de las tribus hebreas [Jos 21].

Algunos de los reyes ejercían (o por lo menos auspiciaban) funciones sacerdotales, aunque Saúl fue rechazado por haberlo hecho [1S 13.8–13];  [2 S 6.12–19]; [1 R 8.22]. Acaz ofreció sacrificios sobre el altar pagano que mandó construir en Jerusalén como gesto de sumisión al rey de Asiria [2 R 16.12]. El rey Uzías, no obstante, se volvió leproso por haber tratado de ejecutar funciones sacerdotales [2 Cr 26.16–20].

Bajo el rey  Josías el sacerdocio rural de la familia de Abiatar, desterrada en el tiempo de Salomón [1 R 2.26], sufrió una crisis debida a la reforma  (Deuteronomio). Ya no les era permitido sacrificar fuera de Jerusalén y, por la limitación impuesta por los sacerdotes de la familia de Sadoc, perdieron su fuente de ingresos [2 R 23.4]; [1R 2.26]. La clausura de los santuarios locales (los lugares altos), en un esfuerzo por erradicar el sincretismo religioso, probablemente provocó e impulsó el desarrollo de la  Sinagoga.

D]- Durante el cautiverio

A pesar de la destrucción del templo en (586 a.C). Y el destierro de las personas más hábiles, el culto sacerdotal continuó en el sitio del santuario destruido, aunque no sin el peligro del sincretismo [Jer 41.4]. Con el surgimiento de la sinagoga, y sin rechazar el sacerdocio, el judaísmo desarrolló una expresión religiosa capaz de sobrevivir el destierro y la destrucción del templo.

E]- En la restauración

Una vez que Ciro les permitió volver a Palestina, los judíos que regresaron a Jerusalén establecieron el culto tradicional. Como no había rey en Jerusalén, los sacerdotes asumieron funciones políticas, especialmente después del fracaso relacionado con la coronación de Zorobabel [Hag 2.23]; [Zac 6.9].

Los profetas atribuían la destrucción de Jerusalén y el sufrimiento de Israel a la rebelión contra la Ley de Jehová. En parte por esta interpretación, la  Ley llegó a ser céntrica para el judaísmo. Los judíos dispersos, que rara vez llegarían al templo ya reedificado, podían estudiar la ley. Surge una nueva clase de maestros, los  Escribas o doctores de la ley, que no eran sacerdotes. El sacerdote se limitaba cada vez más a las tareas ceremoniales y se convertía en un funcionario eclesiástico con poder político.

 

II- EL SACERDOCIO EN EL NUEVO TESTAMENTO

Para comprender la teología neotestamentaria del sacerdocio es necesario entender antes la relación del sacerdote hebreo con el  Pacto. Como pueblo de Dios, Israel era idealmente un reino de sacerdotes [Éx 19.5, 6]. Para guardar el pacto, la conservación de la santidad era fundamental. El sacerdote velaba por la santidad de la nación. Representaba vicariamente a la nación delante de Dios, pues ella por sí misma era incapaz de ser santa. Los levitas, por ejemplo, se aceptaban como substitutos por los primogénitos pertenecientes a Jehová [Nm 3.12, 13]. Los hijos de Aarón representaban a la nación delante del altar y el sumo sacerdote llevaba los nombres de las doce tribus cuando entraba en el santuario para hacer expiación en el Lugar Santísimo [Éx 28.29].

En el Nuevo Testamento, Cristo se presenta como el cumplimiento del sistema sacerdotal del Antiguo Testamento y el mediador del nuevo pacto [Jer 31.31]; [Mt 26.28]. Efectúa un sacrificio eternamente eficaz [Heb 9.11–28] que permite al creyente tener acceso directo a Dios [Heb 10.19–25].

Los cristianos primitivos se opusieron, como los judíos, al sacerdocio de otras religiones. La oposición al sacerdocio judío provocó la persecución de Jesús y sus discípulos por parte de los saduceos, el partido sacerdotal. Jesús, sin embargo, nunca repudió la institución sacerdotal. Envió a los sanados al sacerdote para el cumplimiento de los ritos de la purificación [Mc 1.44]; [Lc 17.14]; claro esta que Jesús nació bajo la Ley y nunca la abrogó, sino que la cumplió. Algunos sacerdotes hebreos se convirtieron y fueron agregados a la iglesia primitiva [Hch 6.7].

En la teología cristiana, Cristo es el cumplimiento del sistema sacerdotal por haber dado su vida “en rescate por muchos” [Mc 10.45]. Su obra sacerdotal se subraya en todas partes del Nuevo Testamento [Mt 26.26–28]; [Jn 1.29]; [2Co 3.18]; [Gl 3.20]; [1Jn 1.7]; [Ap 1.5]; etc.

 

A]- El sacerdocio universal de los creyentes

La doctrina del sacerdocio de los creyentes comprende la verdadera meta del sacerdocio bíblico, es decir, la responsabilidad de cada uno para con los demás. El creyente se identifica con Cristo y con el pecador, siendo “un intermediario para el prójimo”, en otras palabras, un sacerdote para los que buscan de Dios.

Ya no es una sola persona o una clase los llamados a mantener la santidad representativa delante de Dios por el pueblo pecador no santificado. El Nuevo Testamento exige que cada creyente sea santo y, a la vez, responsable de su hermano creyente, o los no creyentes. La iglesia como el cuerpo de Cristo comparte el sacerdocio de Jesucristo [1P 2.5, 9]; [Ap 1.6]; [Ap 5.10]; [AP 20.8] y es responsable delante de Dios por el mundo. [Heb 13.15, 16] y especialmente [Ro 12.1] especifican algunos sacrificios espirituales del sacerdote del Nuevo Testamento.

Cabe notar que el Nuevo Testamento jamás usa el título de sacerdote para el ministro de la iglesia. Esta costumbre, aunque empezó temprano en la historia de la iglesia (1 Clemente, La didajé, etc.), carece de base puesto que todo creyente es sacerdote espiritual delante de Dios.

B]- La Iglesia: El Cuerpo de Cristo y nación santa [1Pedro 2:9] Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

El pueblo de Israel tenía un sacerdocio, pero la Iglesia de Cristo es un sacerdocio. Antes de la proclamación de la Ley, el que era cabeza de la familia ejercía también las funciones de sacerdote para los suyos [Gn 8:20]; [Gn 26:25]; [Gn 31:54]. Cuando la Ley fue propuesta, la promesa divina para la perfecta obediencia a dicha ley fue que Israel seria para Dios “un reino de sacerdotes” [Ex 19:6]; pero Israel violo la Ley, y Dios limito el oficio sacerdotal a la familia de Aarón, y designo a la tribu de Leví para que asistiera a los sacerdotes Aarónicos e instituyo de esta manera un sacerdocio que es típico del sacerdocio que ejerce el cristiano [Ex 28:1].

 

En la dispensación de la Gracia, todos los creyentes son incondicionalmente constituidos “reyes y sacerdotes” [1pedro 2:9]; [Ap 1:6], una distinción que Israel no logró obtener por medio de obras. El sacerdocio del creyente es, por lo tanto, un derecho de nacimiento, desde que entra en las aguas del bautismo y comienza su vida espiritual; así como cada descendiente de Aarón nacía para ser un sacerdote [Heb 5:1].

El principal privilegio de un sacerdote es tener acceso directo a Dios. Bajo la Ley sólo el Sumo Sacerdote podía entrar en el “lugar santísimo”, y esto una sola vez al año [Heb 9:7]. Cuando Cristo murió, el velo del templo, que es tipo de Cristo, se rasgó de arriba abajo, de modo que ahora los sacerdotes neotestamentarios, que son todos los creyentes, tienen acceso a Dios en el Lugar Santísimo, al igual con Cristo, el Sumo Sacerdote [Heb 10:19-22].  

 

El creyente como sacerdote de Dios, en el ejercicio de su función; debe ofrecer un amplio sacrificio:

 

- Su propio cuerpo: [Ro 12;1]; [Fil 2:17]; [2Ti 4:6]; [1Jn 3:16]; [Stg 1:27].

 

- Alabanza a Dios: “el fruto de labios que confiesan su nombre”, que ha de presentarse delante de Él “de continuo” [Heb 13:15]; [Ex 25:22].

 

- Sus bienes: [Heb 13:16]; [Ro 12:13]; [Gá 6:6,10]; [3Jn 5-8]; [Heb 13:2,16]; [Gá 6:10]; [Tit 3:14].

 

- Su servicio: Siempre “hacer el bien” [Heb 13:16].  

-Su intercesión: [Col 4:12]; [1Ti 2:1].

 

CONCLUSIÓN:

[1Pedro 2:9]: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

 

El sacerdocio de los creyentes es que somos elegidos para un propósito. Este propósito es para ofrecer sacrificios espirituales [Hebreos 13:15-16], y para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Por lo cual, tanto por la vida [1Pedro 2:5]; [Tito 2:11-14]; [Efesios 2:10] como por la palabra [1Pedro 2:9]; [1Pedro 3:15], nuestro propósito es servir a Dios. Así como el cuerpo de creyentes es el templo del Espíritu Santo [1Co 6:19-20], así Dios nos ha llamado a servirle de todo corazón, por medio de la ofrenda de nuestras vidas como sacrificios vivos [Romanos 12:1-2]. Un día estaremos sirviendo a Dios en la eternidad [Apocalipsis 22:3-4], pero no en cualquier templo, “... porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ellos...” [Apocalipsis 21:22]. Así como el sacerdocio del Antiguo Testamento debía estar libre de contaminación, como se simbolizaba al ser ceremonialmente limpiado, así Cristo nos ha hecho santos posicionalmente ante el Padre. Él nos llama a vivir vidas santas, sin contaminación; apartadas del espíritu mundano, para que también podamos ser un “sacerdocio santo” [1Pedro 2:5].

Los creyentes somos llamados “reyes y sacerdotes” y un “real sacerdocio” como un reflejo de su posición privilegiada como herederos del reino del Dios Todopoderosos y el Cordero. Por este privilegio de cercanía con Dios, ningún otro mediador terrenal es necesario. Somos llamados sacerdotes, porque la salvación no es solo un “seguro contra incendios” para escapar del infierno. Más bien, los creyentes somos llamados por Dios para servirle a Él por medio de la ofrenda de sacrificios espirituales, siendo personas celosas de buenas obras.

No estamos hablando de ministros, o algún cargo eclesial, no estamos hablando de hacer una carrera teológica, o un seminario para que se pueda tener un pedazo de papel colgado en la pared, y no estamos hablando de ser un súper apóstol o un súper ungido para servir a Dios y entrar en el Lugar Santísimo; la Palabra de Dios declara que todo creyente en Cristo es “real sacerdocio”, quiere decir que el creyente en Cristo es un “sacerdote” e intercesor por aquellos que todavía están en tinieblas. Dios el Padre nos ha dado un oficio, el de “sacerdotes” para ministrar a un mundo que se está perdiendo en las tinieblas. Este es un oficio que nos pertenece de igual manera a todos los creyentes y a todos los que por fe han creído en Jesucristo como Salvador y Señor, y no es necesario tener un púlpito o ministrar en el templo; somos sacerdotes en el lugar de trabajo, en la escuela, en la oficina, en la fábrica, o donde quiera que nos encontremos; Dios dice que somos sacerdotes, y así es.

Como sacerdotes del Dios viviente, todos debemos alabar a Aquel que nos ha dado el gran regalo de sacrificar a Su Hijo por nosotros, y como respuesta, el compartir esta maravillosa gracia con otros. “Nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, y reinaremos por los siglos de los siglos.”

¡Gracia y Paz del Señor!

sábado, julio 19, 2014

domingo, enero 19, 2014

EN POS DE VANIDADES: La esencia de la idolatría y lo que envuelve.


 

 

Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón. No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades [1Samuel 12:20-21].


Samuel les advirtió a los israelitas que no siguieran tras dioses inútiles e incapaces; solamente Jehová podía darles la ayuda que necesitaban en cualquier momento de crisis. La idolatría es un pecado que se repite a lo largo de la historia del pueblo de Dios. El primer caso registrado fue en la familia de Jacob (Israel); podemos enfatizar que antes de llegar a Bet-el, Jacob ordenó que quitaran sus imágenes [Gn 35:1-4]. La primera historia registrada en la Biblia en la que todo Israel participó en la idolatría fue la adoración del becerro de oro mientras Moisés estaba en el Monte de Sinaí [Éx 32:1-6]. Durante la época de los jueces, con frecuencia el pueblo de Dios se volvió a los ídolos. Aunque no hay indicio alguno de idolatría durante el tiempo de Saúl o de David; los últimos años del rey Salomón pusieron en marcha una pauta persistente de idolatría en Israel [1R 11:1-8]. En la historia del reino dividido, todos los reyes del reino del norte de Israel fueron idólatras, como lo fueron muchos de los reyes del reino del sur de Judá. Solo después del exilio cesó la adoración idólatra de otros dioses entre los judíos.

¿QUÉ ES LA VANIDAD?

Orgullo o sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato despectivo y desconsiderado, altanería, arrogancia. Cosa que solamente sirve para mostrar riqueza, lujo o poder y que carece de valor moral. Engreimiento cualidad de la persona que tiene orgullo propio y afán de ser admirado excesivos. Presunción dicho o hecho que demuestra esta cualidad. Frivolidad cualidad de lo que no tiene contenido, utilidad o justificación. Cosa que carece de valor moral y solo sirve para ostentar, ya sea poder, posesión o autoridad sobre algo u alguna persona.

La vanidad es presunción, engreimiento, envanecimiento, jactancia, fatuidad, vanagloria, soberbia y orgullo. La vanidad es arrogancia, envanecimiento y deseo de ser admirado por el alto concepto de los propios méritos.

La vanidad se define como la creencia excesiva en las habilidades propias o la atracción causada hacia los demás. Es un tipo de arrogancia, engreimiento, una expresión exagerada de la soberbia. De acuerdo a la teología cristiana clásica, la vanidad consiste en depositar la confianza en forma excluyente en las cosas mundanas, lo que hace que el hombre no necesite de Dios. Es considerado muy a menudo como el “vicio maestro”.

En algunas enseñanzas religiosas se la considera como una forma de idolatría, en que la persona en función de sus deseos y actos mundanos rechaza a Dios en su vida cotidiana. Las historias de Lucifer y Narciso (de donde se ha sacado el término "narcisismo") son ejemplos demostrativos de lo que puede llegar a ser un completo vanidoso. Es considerado uno de los siete pecados capitales.

Friedrich Nietzsche escribió lo siguiente al respecto: “La vanidad es el temor de parecer original; denota por lo tanto una falta de orgullo, pero no necesariamente una falta de originalidad” asimismo, Mason Cooley dijo “la vanidad bien alimentada es benévola, una vanidad hambrienta es déspota”.

Alrededor de 375, Evagrio Póntico se unió a un monasterio fuera de Constantinopla y allí clasificó “los ocho pecados que, según él, atraían al hombre al infierno”. Evagrio creía que había ocho “tentaciones terribles para el alma”, y la vanidad era una de las más letales. Evagrio advirtió que la vanidad “corrompía todo lo que tocaba y la denominó un tumor del alma lleno de pus que al alcanzar la madurez se descompone en un desagradable desastre”. En 590, el papa Gregorio Magno reexaminó la lista y redujo los pecados a siete. Anteriormente, Evagrio las había denominado “tentaciones”, pero el papa cambió el nombre por el de “pecados” y proclamó que eran mortales. Para el papa Gregorio, la vanidad era el peor de los siete pecados capitales, el que contiene la semilla de todo el mal. Él escribió: “La vanidad es el comienzo de todos los pecados”.

Vanidad, del latín vanitas, es la cualidad de vano (vacío, hueco o falto de realidad, sustancia o solidez). Este adjetivo está vinculado a lo insustancial, la arrogancia, la presunción y el envanecimiento. Tampoco hay que olvidarse que este término que nos ocupa es utilizado, de igual modo, para hacer referencia a todo ese conjunto de cosas que existen en nuestro mundo y que tienen una caducidad.

La vanidad es una manifestación de la soberbia y la arrogancia. La persona vanidosa se siente superior al prójimo, ya sea desde un punto de vista intelectual o físico. El vanidoso no duda en destacar su supuesta capacidad cada vez que puede, menospreciando al resto de la gente.

En este sentido, la vanidad encubre un sentimiento de inferioridad y el deseo de ser aceptado por el otro. Al hacer gala de sus virtudes, el vanidoso intenta demostrar que no es menos que nadie (lo que en realidad siente) y espera el aplauso y la admiración de quienes le rodean.

Para la teología cristiana, la vanidad hace que el hombre sienta que no necesita a Dios. Se trata de una especie de auto-idolatría: El vanidoso rechaza a Dios ya que se tiene a sí mismo, y en muchos de los casos aunque hable de Dios, siente que no lo necesita, en otras palabras, el vanidoso se siente autosuficiente. La vanidad, de hecho, es uno de los pecados capitales (ya que engendra otros pecados).

Concretamente podemos establecer que siete son los pecados capitales, los vicios que estipula el cristianismo que deben ser evitados pues son contrarios a la moral de esta religión: La lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la envidia, la ira y la mencionada vanidad.

Más exactamente podemos decir que aquella última, al igual que el resto de los citados pecados, se asocia a un demonio muy en concreto. En este caso se relaciona con Lucifer, que es el nombre que recibe el ángel caído. Se trata de aquel ángel que contaba con una gran belleza y una maravillosa sabiduría pero que, movido por su soberbia, arrogancia y su vanidad,  se vio arrastrado a los infiernos donde se convirtió así en Satanás.

Una buena forma de comprender qué es la vanidad se encuentra en el mito de Narciso. La versión más conocida de esta historia señala que Narciso era un joven enamorado de sí mismo. Un día, al ver su hermoso rostro reflejado en un lago, se queda absorto y embelesado, incapaz de apartarse de la imagen. Finalmente Narciso muere (suicidándose, ahogándose o por no poder separarse de su reflejo, según la versión) y en el lugar crece una hermosa flor.

La vanidad se mueve en muchos círculos, también no queda excluida de la política y la religión, todo es vanidad.

La vanidad es una forma de vanagloria, y la vanagloria se basa en el orgullo. La vanidad, es el orgullo basado en cosas vanas. Cosa vana es todo aquello que se tiene por valioso pero que en realidad desvía de lo que en verdad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen del hombre, medido por sus riquezas, fama y poder mundano. Lo vano carece de solidez en relación a la vida eterna.

 

[2Reyes 17:15] Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.

 

[Eclesiastés 1:2-3] Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

La vanidad es el tema de Eclesiastés, es decir, todas las actividades humanas en la tierra no tienen sentido ni propósito cuando se realizan aparte de la voluntad de Dios, su comunión y su obra amorosa en la vida de cada ser humano. La humanidad busca siempre estar bien, no importa el camino, no importan las reglas, no importa el prójimo; todo es vanidad.

 

I- EL PODER ATRACTIVO DE LA IDOLATRÍA

¿Porque la idolatría influenciaba poderosamente a los israelitas? Podemos describir varios factores: Los israelitas estaban rodeados por naciones paganas que creían que la adoración de varios dioses era superior a la adoración de un solo Dios. En otras palabras, cuanto más mejor. El pueblo de Dios recibió la influencia de esas naciones y constantemente las imitaba en lugar de obedecer el mandamiento de Dios de conservarse santo y separado de ellas. Los dioses de las demás naciones no exigían la clase de obediencia que exigía el Señor Dios de Israel. Muchas de las religiones paganas incluían la inmoralidad sexual con las prostitutas del templo como parte de sus ceremonias religiosas. Sin duda, esa costumbre atraía a muchos en Israel. Dios exigía, por otra parte, que su pueblo obedeciera sus elevadas normas morales como se definen en su ley, a fin de mantener una relación salvadora con Él. Ellos tenían que resistir firmemente la tendencia hacia la inmoralidad y otras prácticas pecaminosas toleradas o glorificadas por las religiones paganas de las naciones.

A causa del carácter demoniaco de los ídolos, muchas veces la idolatría producía resultados genuinos y demostrables para los que adoraban ídolos. Los poderes demoniacos detrás de los ídolos eran capaces, aunque de manera limitada, de impartir beneficios materiales y físicos temporales. Los dioses de la fertilidad prometían el nacimiento de los hijos; los dioses del tiempo (sol, luna, lluvia, etc.) prometían las condiciones apropiadas para las cosechas abundantes; y los dioses guerreros prometían protección de los enemigos y victoria en la batalla. Tales beneficios prometidos eran atractivos para los israelitas, y por esta razón muchos estaban dispuestos a servir a esos ídolos.

 

II- EL CARÁCTER DE LA IDOLATRÍA

No se pueden entender las cualidades de la idolatría a menos que se entienda su verdadera esencia.

La Biblia nos enseña y pone en claro que un ídolo no es nada en sí mismo [Jer 2:11]; [Jer 16:20]. Un ídolo es un simple pedazo de madera, piedra, o yeso, esculpido por manos humanas, que no tiene poder propio. Samuel llama a los ídolos vanos e inútiles [1S 12:21], y Pablo declara explícitamente: “Sabemos que un ídolo nada es en el mundo” [1Co 8:4]; [1Co 10:19-20]. Por esta misma razón los salmistas, [Sal 115:4-8]; [Sal 135:14-18] y los profetas, [1R 18:27]; [Is 44:9-20]; [Is 46:1-7]; [Jer 10:3-5] con frecuencia se burlaban de los ídolos.

Sin embargo, detrás de todos los ídolos están los demonios, seres espirituales dominados por el diablo. Moisés [Dt 32:17], y el salmista [Sal 106:36-37] igualan los dioses falsos a los demonios. En cuanto a comer carne sacrificada a los ídolos, Pablo dice en su carta a los corintios:”Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios” [1Co 10:20]. En otras palabras, el poder detrás de la idolatría es el poder y la actividad de los demonios, y en realidad los demonios tienen gran poder en este mundo. Los cristianos sabemos, por supuesto, que el poder de Jesucristo es mayor que el de los demonios, no obstante, Satanás como “el dios de este siglo” [2Co 4:4] ejerce poder maligno sobre este siglo malo [1Jn 5:19]; [Lc 13:16]; [Gá 1:4]; [Ef 6:12]; [Heb 2:14]. Él tiene poder para producir señales mentirosas y prodigios falsos [2Ts 2:9]; [Ap 13:2-8,13]; [Ap 16:13-14]; [Ap 19:20] y para concederle a la gente beneficios físicos y materiales, y a todo esto se le llama vanidad. Muchas veces ese poder contribuye a la prosperidad de los malvados [Sal 10:2-6]; [Sal 37:16,35]; [Sal 49:6]; [Sal 73:3-12].  De hecho el evangelio de la prosperidad está lleno de idolatría y vanidad. Idolatría al dinero y a los líderes de turno; y detrás de todo este escenario se mueve el espíritu de error que hace que las cosas sucedan.

La relación entre la idolatría y los demonios se ve con mayor claridad cuando se comprende cómo están ligadas las costumbres religiosas paganas vinculadas con el espiritismo, la hechicería, la adivinación, el encantamiento, la brujería, la necromancia y otras actividades por el estilo [2R 21:6]; [Is 8:19]; [Is 65:4]; [Dt 18:9-11]; [Ap 9:21].

En [Dt 18:9-11] nos relata las abominaciones de aquellas naciones. Estos versículos contienen una lista de prácticas de magia y ocultismo, comunes en las religiones de Canaán, quienes eran una abominación a Dios y estaban prohibidas por Él. Se debía dar muerte a los del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento que practicaban tales cosas [Lv 20:27]. Asimismo, el Nuevo Testamento afirma que quienes practican tales cosas no heredaran el reino de Dios [Gá 5:20-21]; [Ap 22:15].

En [Ap 9:21] nos habla de las personas que no se van arrepentir de las hechicerías. Las hechicerías se reavivarán mucho en los últimos días antes y durante el periodo de la Gran Tribulación [Ap 18:23]; [Ap 21:8]; [Ap 22:15] [1Ti 4:1]. Las hechicerías se asocian con el ocultismo que incluye contacto con los muertos, poderes y energías sobrenaturales (demonios) o fuerzas demoníacas a fin de obtener el poder para manipular y ejercer influencia en las cosas o en las personas; y el uso de drogas casi siempre está relacionado con las hechicerías. La vanidad del corazón de las personas hace que ellas busquen todo esto.

Conforme a lo que dice y enseña la Biblia, todas esas prácticas ocultistas implican rendir culto y homenaje a los demonios. Por ejemplo, cuando Saúl le pidió a la adivina de Endor que hiciera subir a Samuel de entre los muertos, ella vio “dioses que suben de la tierra”, uno de los cuales vino a representar a Samuel [1S 28:8-14], es decir, ella vio demonios que salían del abismo o infierno.  

El Nuevo Testamento considera la avaricia como una forma de idolatría [Col 3:5]. La conexión es obvia; por cuanto los demonios son capaces de dar beneficios materiales, la gente que no está satisfecha con lo que tiene sino que esta codiciosa de más no vacilará en dar su lealtad a los principios y deseos de los seres espirituales que puedan darle lo que quiere. Aunque tales personas no adoren dioses hechos de madera, piedra o yeso, en realidad adoran a los demonios que están detrás de la avaricia y la codicia; todo esto es vanidad, por lo tanto, son idólatras. La declaración de Jesús de que “ninguno puede servir a Dios y a las riquezas [Mt 6:24] es esencialmente la misma que la advertencia de Pablo, de que los creyentes “no pueden beber la copa del Señor, y la copa de los demonios” [1Co 10:21].

 

III- ¿CÓMO REACCIONA DIOS ANTE LA IDOLATRÍA?  

Dios no tolerará ninguna forma de idolatría. Con frecuencia advirtió contra ella en el Antiguo Testamento. En los primeros dos de los Diez Mandamientos, Él se pronuncia directamente contra la adoración de cualquier otro dios [Éx 20:3-4]. Dios repitió ese tipo de instrucción en otros pasajes [Éx 23:13,24]; [Éx 34:14-17]; [Dt 4:23-24]; [Dt 6:14]; [Jos 23:7]; [Jue 6:10]; [2R 17:35,37-38]; vinculada con la orden de no servir a otros dioses había una orden de destruir todos los ídolos y quebrar las imágenes de las naciones paganas en la tierra de Canaán [Éx 23:24]; [Éx 34:13]; [Dt 7:4-5]; [Dt 12:2-3].

La historia de los israelitas fue con demasiada frecuencia en la adoración de ídolos, Dios se airó con ellos porque no destruyeron todos los ídolos  en la tierra prometida y porque adoptaron la adoración de falsos dioses en su lugar. El Señor los castigó al permitir que los dominaran sus enemigos. El libro de Jueces presenta un ciclo reiterativo, los israelitas comenzaron a servir a los dioses falsos de las naciones que dejaron de expulsar; Dios permitió que los dominaran sus enemigos; el pueblo de Dios clamó al Señor; y Él oyó y envió a un juez que los librara. La idolatría del reino del norte siguió sin impedimento por casi dos siglos. Por último, se agotó la paciencia de Dios, y Él permitió que los asirios destruyeran la capital de Israel y dispersarán a las diez tribus [2R 17:6-18].  

El reino del sur de Judá sí tuvo varios reyes temerosos de Dios, tales como Ezequías y Josías, pero por causa de los reyes malvados como Manasés, la idolatría se arraigó en la nación de Judá [2R 21:1-9]. Como resultado Dios dijo por medio de los profetas que permitiría que Jerusalén fuera destruida [2R 21:10-16]. A pesar de esas advertencias, continuó la idolatría [Is 1:29]; [Is 48:4-5]; [Jer 2:4-30]; [Jer 16:18-21]; [Ez 8], hasta que por último Dios cumplió su profecía por medio del rey Nabucodonosor de Babilonia, que capturó Jerusalén, quemó el templo y saqueó la ciudad [2R 25].  No había cosa peor para Dios que la gente fuera tras las vanidades del corazón; vanidades que se convertirían al cabo del tiempo, en idolatría.

El nuevo Testamento advierte a todos los creyentes contra la idolatría. Hoy la idolatría se manifiesta en variadas y diversas formas; pueden aparecer explícitamente en las falsas religiones, o falso cristianismo;  adorar a líderes religiosos; así como también en la hechicería, el satanismo, santería y otras formas de ocultismo. Se encuentra dondequiera que los hombres y mujeres se entregan a la avaricia y al materialismo, antes que confiar en Dios; tal es el caso del evangelio del materialismo y la prosperidad, donde el corazón de la mayoría de sus líderes están llenos de vanidad, arrogancia, soberbia y despotismo, y de ahí para abajo, donde las personas aprenden de sus líderes. Todo es vanidad. Lamentablemente las personas creen que pueden servir a Dios y experimentar su salvación y sus bendiciones, y al mismo tiempo participar en las costumbres inmorales e impías del mundo.

El Nuevo Testamento advierte que no se debe ser codicioso, avaro o inmoral [Col 3:5]; [Mt 6:19-24]; [Ro 7:7]; [Heb 13:5-6], sino más bien hay que huir de toda forma de idolatría [1Co 10:14]; [1Jn 5:21]. Dios respalda sus advertencias con la afirmación de que quienes participen en cualquier forma de idolatría no heredarán su reino [1Co 6:9-10]; [Gá 5:20-21]; [Ap 22:15].

Hoy en día abundan iglesias del último tiempo, que exageradamente predican el amor al dinero, amor a los bienes materiales; predican un evangelio diferente, anatema e idólatra; el fundamento de ellos es la prosperidad económica y se mueren por el dinero y los bienes materiales; hacen pactos por dinero y hasta sus líderes bailan y danzan sobre el dinero; otros se jactan de sus grandes templos, etc., etc.; todo esto es porque la vanidad y la idolatría del hombre ha llegado a niveles que sobrepasan. Lamentablemente la iglesia en general está contaminada con estas falsas doctrinas de amor al dinero y a los bienes materiales por ser el hombre vanidoso e idólatra.

El punto de vista que prevalecía entre los judíos del Nuevo Testamento era que ser rico y tener bienes materiales indicaba el favor especial de Dios y que ser pobre era señal de falta de fe y desaprobación de Dios [Pro 10:15]; y esto es lo que se predica hoy en día. Pudiera parecer al que observa superficialmente que los ricos están seguros [Pro 11:4], pero ante los ojos de Dios, “los tesoros de maldad no serán de provecho”.

 
CONCLUSIÓN: 

[Salmos 94:11]: Jehová conoce los pensamientos de los hombres, que son VANIDAD.

[Ezequiel 13:9]: Estará mi mano contra los profetas que ven VANIDAD y adivinan mentira; no estarán en la congregación de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy Jehová el Señor.

[Tito 1:10]: Porque hay aún muchos contumaces, habladores de VANIDADES y engañadores, mayormente los de la circuncisión.

Por la vanidad y la maldad del hombre el amor de muchos se ha enfriado; a medida que pasen los días, vendrán y se verán tiempos peligrosos; se verá el éxtasis religioso, cosas extrañas y narices inflamadas y enrojecidas detrás de los altares de demonios; pronto saldrá a luz la iniquidad oculta de los púlpitos, y aunque quieran, no podrán encubrirlo, todo por amor al dinero. Vanidad de vanidades, todo saldrá a luz.

¡Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad! [Eclesiastés  1:2].

¡Gracia y Paz, de Cristo, el Señor!