jueves, julio 25, 2013

EL PECADO





[Romanos 5:12]: Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, POR CUANTO TODOS PECARON.



Junto con el concepto de la Salvación, el concepto de pecado se manifiesta a través de toda la Biblia, y constituye la antítesis del amor redentor de Dios, el cual las Escrituras proponen como tesis principal. Pecado es aquel poder misterioso primordial que se opone por naturaleza a Dios y a su buena voluntad para con el hombre, así como también todo el conjunto de manifestaciones y consecuencias trágicas del mismo. Por consiguiente, existe un amplio vocabulario relacionado con el pecado. Además, como la naturaleza pecaminosa se manifiesta claramente en la historia, es elocuente el valor y la actualidad constantes de las porciones narrativas de la Biblia al respecto (cf. Ro 15.4 y 1 Co 10.1–11).

I- TÉRMINOS DESCRIPTIVOS:

Para hablar sobre el pecado los hebreos emplearon palabras tomadas de las relaciones humanas: por ejemplo, falta, iniquidad, rebelión, injusticia, etc. El judaísmo intertestamentario agregó otro del cual el Nuevo Testamento había de hacer mucho uso: “deuda”. Los principales aspectos destacados de acuerdo con los diferentes vocablos de los idiomas bíblicos son los siguientes:

1]- La realidad objetiva del pecado sin miras o con miras a sus consecuencias, motivaciones, etc. Inclusive se toma en cuenta la posibilidad de pecar sin saberlo, o sea, “por yerro”, [Lv 4.2]; [Nm 15.27].

2]- La rebelión como acto consciente de la voluntad. La manifestación más extrema de esta voluntad rebelde es el pecado cometido “con soberbia”; el hebreo dice “con mano alzada”, [Nm 15.30].

3]- Culpabilidad (Iniquidad; Maldad).

4]- Errar, salir del camino. Aparece con frecuencia como verbo: “errar”, “desviarse”, “andar perdido” o “ciego” y “divagar”.

5]- El concepto que en el Nuevo Testamento se traduce “deuda” u “ofensa”.

Como la mentalidad hebrea no distinguía rígidamente entre la acción y sus consecuencias o motivaciones, el mismo vocablo podía significar el acto de pecar, la culpabilidad consecuente o el castigo merecido. Debido a este fenómeno, por ejemplo, la expresión “visitar la maldad” [Éx 20.5] significa “castigar por su maldad”.

II- NATURALEZA DEL PECADO:

El pecado consiste en cualquier infracción de las normas que salvaguardan la vida normal, o sea, la comunión entre Dios y el hombre o entre los hombres. El pecado (como Justicia) se interpreta en términos de relaciones personales: Pecar contra alguien, sea Dios u otro hombre. Y como es Dios el que ha establecido las normas que se infringen, cada pecado es, al final de cuentas, rebelión contra Él [2S 12.13]; [Sal 51.4]. Esta actitud no solo es la característica más distintiva del concepto bíblico del pecado, sino también la medida de su funesta naturaleza. De ahí que para el pueblo hebreo cualquier infracción del sistema jurídico o cultural también representaba pecado y traía como consecuencia culpa delante de Dios. Es evidente que cada acto pecaminoso de la voluntad es fruto de la condición del alma pervertida de la humanidad [Pr 4.23]; [Pr 23.7]; [Mc 7.20–23]; [Ro 8.15–25]. Esta condición se conoce como depravación. Es la incapacidad de evitar el pecado y hacer el bien sin la ayuda de Dios. Esto culminaría, si no fuera por la Redención que ofrece Cristo, en la Muerte [Stg 1.15]; [Jn 3.14].

El relato de [Gn 3], a pesar de que no aparece en él ninguno de los vocablos clásicos para señalar el pecado, nos muestra gráficamente las características primordiales de este. Es un acto de desobediencia motivado por el deseo del ser humano de auto establecer las normas y ser el dueño de su propio destino. Rompe la comunión íntima que antes existía entre Dios y el hombre, y también la que existía entre los hombres (Adán, Eva). Trae como consecuencia la Muerte y el sufrimiento, y desata fuerzas contrarias al hombre y su felicidad; produce el estado en el que el género humano se encuentra desde entonces. El pecado de Adán implicaba un significado único para toda la especie humana [Ro 5.12, 14–19]; [1Co 15.22], pues en alguna manera él representaba a sus descendientes en un Pacto con Dios [Os 6.7], y su pecado se le imputó a ellos [Ro 5.19]. Sin embargo, Dios no castiga a la especie humana por el pecado de Adán, sino que cada uno incurre en su propia culpabilidad. En relación con el tema, los pasajes clásicos son [Ez 18]; [Ro 3.9–20] entre otros.

III- PECADO Y REDENCION:

Tras el primer pecado se nos dio la primera palabra de Esperanza [Gn 3.15], y se señaló el camino que Dios seguiría en el desenvolvimiento de la “historia de la salvación”. Tras siglos de trato con su pueblo hebreo a base de una “Alianza” en la que les ofrecía Perdón y redención (Redentor, redención), pero a la que repetidamente respondían con rebelión e infidelidad, Dios mandó a su Hijo en la persona de Jesús de Nazaret para que destruyera a los poderes de maldad definitivamente y en nombre de toda la humanidad Jesús encarnaba el amor de Dios que se opone al pecado y a sus consecuencias.

 Jesús buscaba la compañía de pecadores, y vio su misión como la de perdonar pecados [Mt 9.6]; [Jn 8.34–36]. Sus discípulos predicaron en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados en todas las naciones y con autoridad [Lc 24.47]; [Hch 2.38]; [Hch 3.19]; [Hch 5.31]. Hoy en día nos encontramos con un montón de mensajes fríos y sin sentido que no sirven para nada y que no llegan, ni tocan al espíritu y el corazón del hombre, solo llegan a la carne: prosperidad, humanismo, psicología, materialismo, vanidad, vanagloria, soberbia, altivez, egocentrismo, etc., etc. Y los que van rumbo al infierno ¿Qué? Y mucho más de lo mismo y nunca recibirán lo que Cristo dijo; y eso por estar pensando en materialismo y prosperidad.

IV- EL PECADO Y EL CRISTIANO:

Las enseñanzas y obras de Jesucristo y los apóstoles dan un nuevo enfoque al concepto del pecado. En vez de medir las acciones de las personas de acuerdo con el legalismo de las “interpretaciones oficiales” de una serie de Mandamientos, Jesús partió siempre de la motivación [Mt 15.19]; [Mt 7.17]. Vio el Amor como la única fuerza capaz de derrotar al pecado [Mc 12.28; [Lc 7.47]. La misma victoria suya sobre el pecado es motivada por el amor divino [Jn 3.16]; [Jn 13.1], y tal amor de Dios había de motivar y capacitar asimismo a los suyos para vencer el pecado [Ro 12.8–10]; [1Jn 4.7–11]; [Ro 14.23], la fe actúa siempre por el amor.

Es a la luz de esta manera de ver el pecado que se puede comprender también otra novedad del Nuevo Testamento: La relación entre la culpabilidad y el nivel de desarrollo de la Conciencia de los fieles [Ro 14]; [1 Co 8.7–13].

Es notable que Pablo, hable del pecado casi exclusivamente en singular, viéndolo como un todo, como una potencia espiritual enemiga de Dios y del hombre al cual Cristo ha derrotado. Sin embargo, el Nuevo Testamento advierte a los creyentes sobre una serie de pecados individuales, y reconoce que la historia de Cristo está para realizarse por la fe en la vida de cada uno de los suyos [1 Jn 5.4].

La Biblia atribuye al Diablo el haber introducido y perpetuado el pecado en el mundo, pero deja sin resolver el enigma del origen del mal. (Impiedad, Transgresión).

V- IMPIEDAD:

Falta de Temor a Dios de parte del hombre que le conduce a asumir actitudes contrarias a la buena voluntad divina. Así hay personas que se caracterizan como impíos [1S 24.13]; [Gn 18.23]; [Jer 5.26], y tal característica se denomina impiedad.

La mentalidad hebrea no mantenía, por lo general, una distinción muy estricta entre el móvil y la obra procedente del mismo, de manera que las actividades motivadas por la impiedad en el hombre también se llaman colectivamente impiedad [Mal 3.15]; [Ro 1.18]; [Sal 7.14]. El concepto de la impiedad guarda relación estrecha con el de Pecado, dando lugar a que “impío” signifique a veces sencillamente “pecador” [Ro 4.5]; [Ro 5.6], o bien uno que se opone al justo, como es notable en el libro de los Salmos.

VI- TRANSGRESIÓN:  

Infracción de la Ley o de un mandamiento específico de Dios. El “pecado” en este sentido es transgresión [1Jn 3.4]. En un caso excepcional la transgresión se refiere a un delito contra las normas aceptadas de la justicia humana [Gn 31.36]. La imagen sugerida es de una persona que se sale del camino para andar por donde no le corresponde. Pablo emplea la palabra, sobre todo en Romanos, para señalar toda infracción de los mandamientos de Dios [Ro 4.15], ya sea la desobediencia de Adán [Ro 5.12–21], la de Israel [Ro 11.15–24] o la de todo el género humano [Ro 4.25] por el cual Cristo murió.

CONCLUSION:

El problema del pecado está resuelto. En el Nuevo Testamento la doctrina de la redención es cardinal. Todos las personas están esclavizadas por el pecado, y son “hijos de ira” [Ef 2.1–3]; [2 Ti 2.26]; necesitan, por tanto, ser redimidos. Entre los del pueblo de Dios eran muchos los que esperaban la redención divina. Ana, la viuda profetisa, confió y declaró que el niño Jesús, a quien logró conocer en el templo, era quien satisfaría esa esperanza [Lc 2.36–38].
Jesucristo realiza esta redención [Ro 3.24]; [Gl 3.13] por medio de su sangre preciosa y apreciada vertida en la cruz del calvario [Ef 1.7]; [Col 1.14]. El mismo habló de “dar su vida en rescate por muchos” [Mt 20.28]; y Pablo dice que Cristo “se dio a sí mismo en rescate por todos” [1Ti 2.6] para una redención que es eterna [Heb 9.12]. Él, pues, tomó nuestro lugar, y recibió el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Por tanto, un efecto justo y lógico de esta obra redentora en nosotros debe ser glorificar a Dios mediante una vida pura, fructífera y en santidad. La redención abarca al hombre como un todo y como tal lo transforma [1Co 6.20. La redención culminará gloriosamente en la “Resurrección” [Hch 26.18]; [Ro 8.15–23]; [1Co 15.55–57]. El momento glorioso de esperanza para los que sufren y tienen hambre y sed de justicia, la cual el Padre nos 
dará.

¡Gracia y paz de Cristo Jesús!















domingo, julio 14, 2013