Un varón de vosotros perseguirá a
mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo [Josué
23:10].
Tenemos grandiosas promesas en Dios
y en su Palabra que merecen ser leídas y atesoradas en el corazón y en la
mente. Muchas veces los que se dicen ser creyentes sufren, están desanimados,
depresivos, enfermos; y es por el solo hecho de ser irrespetuosos con el Señor
y su Palabra; no leen y desconocen las promesas de Dios. Cuando se presenta un
problema parece ser que no tiene solución; y aparentemente el problema es más
grave y más grande de lo que parece; el motivo de esto es que ignoramos las
promesas.
No importa cuántos vienen contra
nosotros; no importa cuán fuertes y poderosos aparentan ser los problemas; no
importa cuál y quién es; no importa el nombre ni el tamaño del problema; no
importa si es demonio, no importa si es potestad, no importa si es principado,
no importa si es hombre fuerte, hombre flaco, hombre grande, pequeño, negro,
blanco, etc. La promesa es que Dios combatirá por nosotros; y eso es lo que cuenta.
Ya vimos en la antigüedad, que Él prometió todo eso a los que creen, a los que
permanecen fieles y practican sus palabras.
Nuestro Dios peleará por nosotros;
aunque seamos débiles e inexpertos a los ojos del mundo; su Palabra dice que
somos más que vencedores; en cualquier guerra, en cualquier lugar, con
cualquier problema; no importa si es demonio, no importa si es dificultad, no
importa si es monte, no importa nada de eso; lo que importa es que Dios pelea
por nosotros y con nosotros.
Perseguiremos a mil, grandiosa
promesa; Dios sabe de esto; porque Él lo ve de esta forma. Los problemas tienen
que desaparecer si permanecemos en la disciplina del Reino de Dios; esa promesa
es para los que son fieles y se esfuerzan para caminar de fe en fe; esa es la condición.
Entregarnos totalmente a Él y caminar en fe y obediencia; de seguro que tenemos
la victoria de esta guerra en nuestras manos. No hay porqué dudar.
De manera que debemos practicar las
promesas; ya están todas hechas en Dios. Esa es la fe que nos transforma en
poderosos para deshacer toso los problemas. El Señor nuestros Dios es quien
pelea por nosotros.