miércoles, diciembre 31, 2008

ARREPENTIMIENTO: Cambio de actitud hacia Dios



En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arre-pentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado [Mateo 3:1-2].

El verbo griego traducido por arrepentíos indica un cambio de actitud y de aspecto que bien puede resultar en lamento por los pecados. Pero la idea básica es una inversión en la forma de pensar que cambia nuestra vida. El reino de los cielos es sin duda el reino de Dios. Este reino se había acercado en el sentido que se estaba ofreciendo a Israel en la persona del Mesías. En ninguna parte del Nuevo Testamento se dice que el reino estaba presente; los pasajes que pueden dar a entender esto serán tratados en el transcurso del Evangelio de Mateo. La venida y presencia del reino era contingente a la respuesta de Israel a su Mesías [Hechos 3:19-23]. Esta contingencia permanece hasta este día [Zacarías 12:10-14]. El reino se había acercado porque estaba siendo ofrecido a Israel en la persona del Mesías. La predicación de Juan suponía que el juicio precedería a la venida del reino, un hecho que enseñaron los profetas del Antiguo Testamento [Isaías 4:4-5] [Isaías 5:15-16] [Isaías 42:1] [Jeremías 33:14-16] [Ezequiel 20:33-38] [Daniel 7:26-27] [Joel 1:14-15] [Joel 3:12-17] [Sofonías 1:2-18] [Sofonías 3:8-13] [Zacarías 13:2-9] [Malaquías 3:1-5] [Malaquías 4:1-6]. En este punto, Juan supone que la nación de Israel se arrepentiría y que el Reino vendría. Juan les decía a los judíos de su generación que se arrepintieran a fin de alcanzar la entrada al reino de Cristo.

ARREPENTIMIENTO: El primer llamado del reino de Dios es el arrepentimiento, pues es la misma entrada. Las implicaciones del arrepentimiento bíblico son tres:

1]- Renuncia y cambio de actitud.
2]- Sumisión y deseos de aprender
3]- Un continuo perfeccionamiento.

No hay nacimiento en el reino de Dios, sin oír el llamado a la salvación, renunciar al pecado y volverse del pecado a Cristo el Señor por medio del arrepentimiento [Hechos 3:19].

No hay crecimiento en el reino de Dios, sin obediencia a los mandamientos de Jesús y sin acatar, como un discípulo que actúa con la sencillez de un niño, la enseñanza de la Palabra de Dios [Santiago 1:21-25].

No hay crecimiento constante, ni frutos, como ciudadanos del reino de Dios, si no nos proponemos aceptar la corrección y guía del Espíritu Santo [Efesios 4:30].

El arrepentimiento es una sensación que se experimenta tras darse cuenta de que se ha cometido un error. Este sentimiento puede causar distintas emociones, tales como la culpa, la vergüenza, o el remordimiento. Puede afectar a la persona en distintos grados, desde ser algo pasajero, sin mayores consecuencias, hasta provocar el suicidio del arrepentido.

El término griego que se traduce en la Biblia da la idea de un cambio de mente, a un cambio de actitud. El arrepentimiento es dar media vuelta o volverse. Arrepentimiento y remordimiento parecen, en principio, lo mismo. Se pueden ejemplificar en las actitudes de Judas y de Pedro respecto a Jesús. Judas lo traicionó pero se sintió mal por sus acciones y devolvió el dinero que le dieron, tuvo remor-dimiento de conciencia y como resultado se ahorcó. Pedro negó a Jesús, y aun maldijo. El se sintió mal y seguramente se arrepintió, porque cuando Jesús resucitó, el ángel les dijo a las mujeres que fueron a la tumba vacía que anunciaran a los discípulos que había resucitado, pero menciona especialmente a Pedro. Remordimiento es sentirse mal y atacarse a uno mismo mientras que arrepentimiento es sentirse mal y pedirle perdón al ofendido. Uno de los mayores ejemplos del arrepentimiento se encuentra el día que Zaqueo recibió la visita de Jesús en su casa, cuando la gente criticaba porque el Señor cenaba con un pecador. Y Zaqueo dijo: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si en algo he defraudado a alguien se lo devuelvo cuadruplicado. El arrepentimiento no es algo que se hace una sola vez, sino algo que Jesús nos llama a practicar una y otra vez hasta que el regrese. Toda persona necesita un corazón arrepentido, pues es tierno, suave y flexible, y responde rápidamente al dolor espiritual cuando se enfrenta a la Palabra de Dios.

El arrepentimiento es una traducción de una familia de palabras que indican un regreso, un cambio de parecer, o un repudio del pecado para volver a Dios. El arrepentimiento tiene dos lados: Alejarse del pecado y acercarse a Dios. Para recibir perdón, se necesita de ambas actitudes. No podemos simplemente decir que creemos y vivir como mejor nos parezca, ni siquiera tener una buena conducta moral sin relación con Dios, porque ella por sí sola no puede ofrecernos el perdón de pecados.

El significado fundamental de arrepentirse, es volverse. Es abandonar los malos caminos y los malos hábitos y volverse a Cristo, y por medio de Él volverse a Dios [Juan 14:6] [Hechos 8:22] [Hechos 26:18] [1Pedro 2:25] [Is 55:7] [Is 1:16-18].


A]- La decisión de volverse del pecado a la salvación de Cristo incluye la aceptación de Cristo, no solo como Salvador de la condena del pecado, sino también como Señor de la vida de quien lo acepta. Así que el arrepentimiento implica un cambio de amos: Del señorío de Satanás [Efesios 2:2] [Colosenses 1:13], al señorío de Cristo y de su Palabra [Hechos 26:18].

B]- El arrepentimiento es una decisión libre de parte del pecador, hecha posible mediante la gracia capacitadora dada a él al oir el evangelio y creer en Cristo [Hechos 11: 21].

C]- La definición de la fe salvadora como un simple "confiar" en Cristo como Salvador es totalmente insuficiente a la luz de la exigencia que Cristo hace del arrepentimiento. El definir la fe salvadora de manera que no incluya necesariamente un rompimiento radical con el pecado es distorsionar de modo peligroso el punto de vista bíblico de la redención. La fe que incluye el arrepentimiento siempre es una condición para la salvación [Marcos 1:15] [Lucas 13:3-5] [Hechos 2:38] [Hechos 3:19] [Hechos 11:21].

D]- El arrepentimiento fue un mensaje fundamental de la predicación de los profetas del Antiguo Testamento [Jeremías 18:8] [Ezequiel 18:30] [Joel 2:12-14] [Malaquías 3:7]; Juan el Bautista [Mateo 3:2], de Jesucristo [Mateo 4:7] [Mateo 18:3] [Lucas 5:32], y de los creyentes del Nuevo Testamento [Hechos 2:38] [Hechos 8:22] [Hechos 11:18] [2Pedro 3:9]. La predicación del arre-pentimiento siempre debe acompañar el mensaje del evangelio [Lucas 24:47].

E]- Frutos dignos de arrepentimiento. El arrepentimiento genuino irá acompañado del fruto de justicia [Mateo 23:23] [Lucas 3:10-14] [Hechos 26:20]. La genuina fe salvadora y la conversión tienen que manifestarse mediante una vida que abandone el pecado y lleve frutos piadosos [Juan 15:16]. Los que dicen que creen en Cristo y son hijos de Dios, pero no viven de tal manera que produzcan buen fruto, son como árboles que habrá que cortar y arrojar al fuego [Mateo 3:8-10].

El arrepentimiento es un cambio de actitud, la actitud natural del hombre hacia Dios es la rebeldía y la independencia, arrepentirse significa deponer esa actitud y someterse al gobierno de Dios para vivir, y a partir de allí, vivir de acuerdo con su voluntad.

El arrepentimiento en el Antiguo Testamento:

Puesto que Israel debe a Dios obediencia absoluta y cae bajo juicio cuando se desvía, solo por el arrepentimiento puede restablecer su relación favorable con Él. La nación puede apartar para este reconocimiento un día entero [Nehemías 9]; compárese las liturgias del arrepentimiento conservadas en [Isaías 63.7] [Isaías 64.12] [Daniel 9.4–19] [Oseas 9 y 14]. Como símbolo de su renuncia al pecado, el arrepentido rasga sus vestidos, ayuna, se viste de cilicio, o se sienta en cenizas. Los profetas recalcan el aspecto personal del arrepentimiento, ejemplo: Acab, [1Reyes 21], al exigir una reorientación de todo el individuo que conduzca a la obediencia, confianza en Dios y rechazo total a ídolos y dependencia de lo humano. El arrepentimiento demanda una renovación del espíritu y del corazón [Ezequiel 18.31], esto es posible solo como consecuencia de la redención divina [Isaías 44.22] [Jeremías 31.33] [Ezequiel 11.19] [Ezequiel 36.26].

En lenguaje antropomórfico, se afirma que Dios también se arrepiente, con lo cual se señala sim-plemente un cambio en su relación con el ser humano, ejemplo: [Génesis 6.6].

El arrepentimiento en el Nuevo Testamento:

El Señor Jesús expuso lo que verdaderamente significa el arrepentimiento [Mt 12:41]. No es simplemente "un cambio de actitud" y nada más; ese cambio de actitud debe ir acompañado de fe y humildad [humillación] delante de Dios.
Juan el Bautista continúa la demanda de arrepentimiento [Mateo 3.8, 10] y asimismo Jesús [Marcos 1.15] [Lucas 13.1], pero con mayor énfasis en la limpieza interior y la totalidad de la demanda divina [Lucas 14.33] [Mateo 18.3] [Lucas 5.32]. En un sentido nuevo Jesús hace posible el arrepentimiento, porque este se completa con la fe, con el discipulado cristiano.

En la predicación de la iglesia apostólica el arrepentimiento es básico [Hechos 3.19] [2Corintios 7.9] [Hebreos 6.1] [Apocalipsis 2.21], se relaciona con el bautismo [Hechos 2.38], la fe (Hechos 20.21] y el perdón [Lucas 24.47]. Este regreso a Dios [1Pedro 2.25] se basa en la obra de Cristo [Hechos 17.30], es a la vez una responsabilidad humana [Hechos 8.22] y un don de Dios [Romanos 2.4] [2Timoteo 2.25] mediante el Espíritu [Hechos 10.45].

A continuación mostramos varios versículos con respecto al arrepentimiento:

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cie-los se ha acercado. [Mateo 4:17].

Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de peca-dos en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. [Lucas 24:46-47].

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. [Hechos 2:38].

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan. [Hechos 17:30].

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. [Romanos 10:9-10].

Cuando Jesús comenzó su ministerio público, su primer mensaje a los hombres fue:” Arrepentíos”; también fue el primer mandato dado por Pedro al concluir su predicación en el día de Pentecostés [Hechos 2:38]. El Apóstol Pablo en Atenas al predicar a los griegos les dijo:

[Hechos 17:30] Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.

A continuación vamos a profundizar sobre este tema a la luz de las Escrituras para sentir y expe-rimentar un verdadero arrepentimiento.

1]- EL CAMBIO DE ACTITUD: No debemos confundir arrepentimiento con remordimiento. El remor-dimiento es sentirse mal por haber hecho algo malo. El arrepentimiento es mucho más que eso, y no es solo sentir pesar por haber ofendido a Dios. La contrición sin conversión nos lleva a seguir come-tiendo los mismos pecados vez tras vez; y tampoco es solo arrepentirnos de algunos pecados grose-ros que pesan sobre la conciencia. El arrepentimiento significa un cambio de actitud y de mentalidad, y la actitud que debemos abandonar es la rebeldía y la independencia hacia Dios.

2]- LA REBELDÍA: Es la actitud natural de todo hombre hacia Dios; y lo que entendemos por natural es porque la hemos heredado de nuestros primeros padres, Adán y Eva. De manera que la rebeldía es el desconocimiento de una autoridad establecida legítimamente, siendo Dios la autoridad suprema. Adán y Eva se rebelaron en Edén e hicieron su propia voluntad e independencia [Génesis 2:15-17] [Génesis 3:1-6], y a partir de ahí se engendró en la humanidad la rebeldía hacia Dios, estableciendo su propia voluntad y haciendo lo que se le da la gana.

Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. [Efesios 2:3].

Este pasaje se refiere a nuestra naturaleza humana pecaminosa, los deseos de la carne o el viejo hombre, detallando como hijos de ira aquellos que están sin Dios, viviendo en otro tiempo sin conoci-miento de Dios impulsados por nuestros deseos pecaminosos.

Todos por naturaleza somos rebeldes hacia Dios y tenemos un corazón orgulloso y egoísta; que-remos hacer lo que nos parece, ser libres y vivir a nuestra manera; no queremos que nadie nos mande ni nos diga lo que debemos hacer. Esa actitud de rebeldía e independencia es nuestro mayor pecado y el que genera todos los otros pecados que cometemos.

¿Porqué, la gente engaña, trata mal a su prójimo, roba, insulta, no perdona, adultera, etc.?, ¿porqué hace su propia voluntad y no la voluntad de Dios?, en los planes de la gente nunca aparece Dios; ¡eso es rebeldía! La rebeldía es la raíz y la causa de los actos pecaminosos que cometemos y todos los males engendrados. La rebeldía se debe cortar de raíz cambiando de actitud con un arrepentimiento genuino y verdadero hacia Dios.

3]- LA SUMISIÓN: [nueva actitud hacia Dios]. En aquel tiempo vivíamos como queríamos, pero ahora nos comprometemos a vivir bajo el señorío de Cristo, vivir para Él y como Él quiere; adoptando una nueva actitud, una nueva vida, un nuevo tiempo, haciendo la voluntad de Dios.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. [Mateo 11:29-30].

Este en un ejemplo que nos da Jesús de cómo debemos ser y comportarnos en nuestra nueva vi-da en Cristo, sujetarnos a Él, viviendo obedientes y sumisos en todo. Por lo tanto si tenemos una nueva actitud, la sumisión también abarca las relaciones con nuestros hermanos en la fe y fuera de la fe; porque la sumisión es un don y una bendición de Dios para el hombre, y utilizándola, adoptándola y desarrollándola a nuestra vida se evitan numerosos conflictos en la relación con otras personas.

La sumisión es algo que se puede, no es difícil, al principio cuesta, dándole tiempo y ejercitándola día tras días se va desarrollando en nosotros y viene a ser una bendición de parte de Dios.

Nuestro Padre celestial es misericordioso con nosotros; y es por eso que nos ha provisto de este don especial para tener una buena relación con Él y con los demás, por lo tanto podemos decir: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece [Filipenses 4:13]. Entonces podemos afirmar y declarar el siguiente pasaje: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasa-ron; he aquí todas son hechas nuevas. [2 Corintios 5:17].

4]- LO QUE ES NECESARIO HACER:

A]- Renunciar a Satanás y al reino de la tinieblas y entregarse a Jesús y a su gobierno.

El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. [Colosenses 1:13].

En el mundo espiritual de este mundo podemos notar dos reinos: El reino de Dios y el reino de Sa-tanás, dice en [1Juan 5:19] Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Desde la caída de Adán, el ser humano nace directamente en el reino de Satanás, bajo la potestad de las tinieblas, siendo esclavos del pecado. Cuando el ser humano se arrepiente Jesús lo libera de la potestad de las tinieblas y es trasladado directamente al reino de Jesucristo; es por eso que el arre-pentimiento es sumamente importante, porque es la llave que abre la puerta que es Jesús para entrar directamente al reino de Dios. Note este texto: [Juan 10:9] Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

B]- Negarse a uno mismo.

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. [Marcos 8:34].

Por la naturaleza egoísta del corazón, todo hemos desarrollado un estilo de vida egocéntrica, es decir, yo soy el centro de mi mundo; todo lo que hago es para mí, vivir, estudiar, trabajar, ganar dinero, tener proyectos, etc., etc., todo gira y se orienta hacia mí. Negarme a mí mismo significa renunciar a ser yo el centro de mi vida, renunciar al egoísmo del corazón, renunciar al vivir para mí mismo y poner a Cristo en primer lugar en el corazón y en mi vida. El ser humano por ignorancia y egoísmo se considera dueño de lo que posee, pero en realidad todo lo que poseemos es de Dios. Todas nuestras pertenencias, bienes materiales, familia, tiempo, etc., etc., todo es de Dios. Negarse a sí mismo significa despojarse del amor a lo material; reconociendo también que todo lo que poseemos es propiedad de Dios y nosotros como discípulos somos simples mayordomos de los bienes de Dios que están a nuestro cuidado.

C]- Poner a Cristo en primer lugar.

El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. [Mateo 10:37].

Generalmente al ser humano le gusta el primer lugar, figurar en todo, ama que la gente le adore y hable bien de él, le gusta ser famoso, le gusta que el prójimo le rinda culto como si fuera un dios; en el reino de Dios no es así, porque el primer lugar lo ocupa Dios, por eso es el reino de Dios. El ha de ser la persona más importante de nuestra vida y afecto y a quien amemos más que a nosotros mismos y más que a nuestros seres queridos.

D]- Renunciar a todo lo que poseemos.

Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discí-pulo. [Lucas 14:33].

Este texto nos enseña cómo debe ser el discípulo de Cristo, teniendo dos características, tanto en lo material como en lo espiritual.

En cuanto a lo material el discípulo de Cristo no debe amar las cosas materiales, debe despojarse del amor a los bienes materiales, debe renunciar al corazón egoísta hacia Dios y al prójimo. Es por eso que uno de los motivos que el mundo sufre hambre y miseria es por el corazón egoísta del ser humano; porque le gusta amontonar bienes y riquezas para sí mismo, sin importar lo que le pase al prójimo. Mucha miseria en el mundo, mucha gente pasando hambre, y todo por el corazón duro como piedra y egoísta del ser humano. Y en cuanto a lo espiritual; renunciar significa que el discípulo de Cristo debe despojarse del egoísmo, ira, maledicencia, gritería, enojos, celos, contiendas, amargura, malicia, deseos engañosos, todo lo malo que habita en el corazón debe despojarse y someterse voluntariamente a Dios y que el Espíritu Santo lo regenere y lo haga una persona digna del Señor Jesucristo.

5]- ¿COMO DEBEMOS ARREPENTIRNOS?

A]- Humillarnos delante de Dios.

Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. [Santiago 4:10]

Puesto que el arrepentimiento es un paso importante para comenzar la vida cristiana, también el humillarnos delante de Dios es un requisito que nos ayuda en nuestra nueva relación con el Creador, y de esa manera al humillarnos nos ayuda a desechar nuestra soberbia, rebeldía, egoísmo, nuestra conducta equivocada, nuestros pecados y todo aquello que en nuestra vida haya sido una ofensa a Dios.

B]- Confesar nuestros pecados.

El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará miseri-cordia. [Proverbios 28:13].

Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. [Hechos 19:18].

Al arrepentirnos debemos confesar nuestros pecados, mencionando la clase de pecados cometidos y aquellos que recordamos; ya que la confesión es muy importante, porque es la manera correcta de sanar interiormente nuestra alma y espíritu, y también nuestro cuerpo y así liberarnos de una carga en nuestra conciencia. La confesión debe ser sincera y sin ocultar nada intencionalmente y debe ser hecha con arrepentimiento y con la determinación de abandonar el pecado.

C]- Perdonar al que nos ha ofendido.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. [Mateo 6:14].

Debemos perdonar de todo corazón a todo aquel que nos haya faltado y ofendido; esto es una acción bastante difícil para el ser humano, pero no quiere decir que es imposible, puesto que tenemos la ayuda del Espíritu Santo y poner de nuestra voluntad. El perdonar al prójimo nos trae sanidad a nuestro ser; el perdonar nos libera del rencor, amargura y resentimiento, ya que muchas veces las personas que abrigan en su interior rencor, amargura y resentimientos traen como consecuencia enfermedades y espíritus inmundos.

D]- Renunciar a toda clase de ocultismo.

Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delan-te de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. [Hechos 19:19].

Si en el pasado hemos tenido algo que ver o practicado algún tipo de ocultismo [brujería, santería, espiritismo, macumba, umbanda, curanderismo, satanismo, mentalismo, cosas parecidas, y si te-nemos objetos trabajados, libros, ropas, fotos, fetiches, amuletos, imágenes o cosas que nos relacio-nen con el ocultismo; debemos renunciar a todo ello, quemarlo, romper todo pacto, confesarlo como pecado, renunciar a todo espíritu inmundo y ser liberado en el nombre de Jesús.

6]- EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDÓN DE PECADOS:

[Lucas 24:47] y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Los discípulos no debían predicar el perdón de pecados sin el requisito del arrepentimiento. El predi-cador que ofrece salvación sobre la base de una fe fácil o por la simple aceptación de la salvación gratuita desprovista de una entrega a obedecer a Cristo y su Palabra, predica un evangelio diferente y falso. El arrepentimiento implica abandono del pecado; este siempre ha sido un mandato en el verdadero evangelio del Nuevo Testamento. [Hechos 17:30].

Dios en su gran misericordia, y a través de todos los tiempos siempre ha esperado por el hombre, un cambio de actitud hacia Él, y en su gran amor por la humanidad se hizo hombre y se humilló a sí mismo hasta enfrentar la cruz, no hay mayor sacrificio en el mundo como ese que nadie pueda pagar jamás, no lo hay, como el que Jesús hizo por el hombre; Dios pide algo tan simple y nada complicado que el hombre debe hacer; arrepentirse, y volverse a Dios.

Sanidad y arrepentimiento: ¿Qué es el arrepentimiento?

Generalmente pensamos en el arrepentimiento como aquello que ocurre con los pecadores que vienen a Cristo por primera vez. Después del sermón de Pedro en el día de Pentecostés, la gente respondió bajo gran convicción de pecado: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo [Hechos 2:38]. Algunos días más tarde Pedro, res-pondiendo a un grupo de pecadores, dijo: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados [Hechos 3:19].

Cuando Jesús vino predicando el evangelio del reino de Dios, decía: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos. Y creed en el evangelio [Marcos1:15]

Sin embargo, a los creyentes desobedientes, descuidados y pecadores, también se les llama al arre-pentimiento. Pablo demandó a los miembros moralmente pecaminosos de la iglesia de Corinto a que se arrepintieran de sus caminos, por la fornicación y la lascivia que habían cometido [2Corintios 12:20-21]. Asimismo, cuando Juan por orden de Jesús escribió a las siete iglesias de Asia, la carta a la iglesia de Éfeso [la mejor de las siete] concluyó con la advertencia a arrepentirse pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar [Apocalipsis 2:5].

Nuestro concepto del arrepentimiento generalmente está unido a la tristeza y la pesadumbre emocional. Sin embargo, las palabras bíblicas [sub en hebreo y metanoeo en griego] significan cambio de mente y dirección, un cambio total. La tristeza y la pesadumbre casi siempre acompañan al arrepentimiento, es más, el remordimiento es un preludio importante del arrepentimiento, pero decir tan solo: lo lamento, a menudo denota lástima por las consecuencias del pecado y no por el acto en sí. Pablo dice en [2Corintios 7:9, 10] Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

Si la tristeza y la pesadumbre nos conducen al arrepentimiento, obviamente el arrepentimiento va más allá de la tristeza o del remordimiento. Si en realidad lamentamos y tenemos remordimiento por nuestro mal proceder, nuestra conducta cambiará de dirección y nuestro propósito cambiará su conducta. Tanto Judas Iscariote como Simón el hechicero tuvieron dolor profundo, pero ninguno de los dos se volvió a Dios con sinceridad. Al Señor no lo engañan las lágrimas de cocodrilo. Él responde al cambio de resolución interna que conduce a nuestra vida de la voluntad propia a la divina.

Los cristianos a veces pecan, como dijo Juan en la primera epístola: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad [1Juan 1:8, 9]. Los verdaderos creyentes no viven en pecado ni lo practican deliberadamente; si lo hacen, se convierten en apóstatas [1 Juan 3:7–9], cabe destacar esto: La realidad nos muestra que en este tiempo estamos atravesando la apostasía del tiempo del fin, por las siguientes razones:

1]- No hay confesión de pecados, la gente y los lideres creen que pueden entrar al reino de Dios como se les da la gana.

2]- No hay un verdadero arrepentimiento, la doctrina del arrepentimiento se ha perdido, no se ensena y no se practica.

3]- No hay fe para creer que Cristo perdona.

4]- No se enseña el verdadero evangelio, se tuerce el evangelio y la Palabra para beneficio propio.

Sin embargo, los cristianos a menudo cometen pecados de actitud, omisión, descuido, incredulidad, disposición, etc. El escritor de Hebreos dice: Porque el Señor al que ama, disciplina [Hebreos 12:6]. A veces, la disciplina viene en forma de enfermedad; sin embargo, podemos decir que no toda enfer-medad se debe a algún pecado [Juan 9:1–3]. Cuando la enfermedad es un método de disciplina, debe haber arrepentimiento para que venga la sanidad. En el pacto de sanidad del Nuevo Testamento [Santiago 5:13–16] se entiende claramente que en muchos casos primero debe haber confesión de pecados y arrepentimiento, antes que los ancianos o aquellos que oran eleven la oración eficaz por el enfermo.

Oración de arrepentimiento:

Dios que estas en los cielos, vengo a ti, por tu Hijo Jesús, arrepentido estoy del pecado en mi vida, perdóname, límpiame, lávame con tu preciosa sangre, cansado estoy de la vida vieja, quiero algo mejor, tú eres el único que puede hacerlo, hoy vengo a ti Señor, con mi boca yo confieso a Jesucristo y en mi corazón yo creo que Dios le levantó a Jesús de los muertos y que él vive.

Renuncio a mi vida del pasado, los pecados se van porque en este momento yo acepto a Jesucristo como mi salvador eterno, viviré por él, y le serviré de acuerdo a su Palabra, y anota mi nombre en el Libro de la vida, y ahora mismo soy salvo. Gracias Jesús. ¡ Amén y Amén !

Podemos pensar y debemos decir: Que el arrepentimiento es una gran bendicion de Dios!

!Paz a vosotros! !Que la Gracia abunde!