Pacientemente
esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor [Salmo 40:1].
La
confianza es la seguridad íntima con la que se hace algo. Cuando vivimos en la
“FE” esa seguridad trae tranquilidad en relación a la respuesta y es la firmeza
de ánimo que debemos poseer cuando vivimos por la “FE”; la fe nunca falla, la
fe nunca se equivoca, la fe trae respuestas y la fe trae paz. Esperar en el
Señor, es fe. [Salmo 5:3] “oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me
presentaré delante de ti, y esperaré”. David oraba y esperaba; David oraba y no
se desesperaba, esa era una práctica constante en su vida.
¿Por
qué y para qué confiar en los hombres? Ellos son imperfectos; siempre fallan;
creer en éste, creer en aquel, esperar en éste, esperar en aquel; perdemos el
tiempo. Muchas veces nos enfrentamos con situaciones que nos son adversas y no
encontramos respuestas, ni salida; entonces, debemos preguntarnos en quién
estamos confiando.
Así ha dicho Jehová: maldito el
varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se
aparta de Jehová. [Jeremías 17:5].
Los
que ponen su confianza en sí mismo y en los recursos humanos están condenados a
la desilusión, a la pobreza espiritual y a la perdición definitiva. Por el
contrario, los que confían plenamente en el Señor, serán bendecidos y
finalmente recompensados con una herencia incorruptible y divina. No temerán,
ni estarán ansiosos en ninguna de las circunstancias de la vida porque sus raíces
se han profundizado con Dios.
¿Por
qué confiar en el hombre; si el corazón es engañoso?
Engañoso es el corazón más que
todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? [Jeremías 17:9].
El
corazón es el ser interior de una persona y abarca los deseos, y sentimientos
de ella. Sobretodo, es en extremo perverso y corrupto; como resultado, la gente
se vuelve soberbia, arrogante; se vuelve al egoísmo y a la maldad. El corrupto corazón
humano no puede transformarse por sí mismo. Entonces creer en el hombre y
esperar en el hombre no trae buenos resultados.
Debemos
confiar en Dios que jamás fallará. Para agradar a Dios, debemos hacer como
David, que esperó confiadamente,
inclusive antes de saber que había sido oído. Esa es la confianza que
jamás se quebranta y es la confianza que no tiene nada que ver con el
sentimiento; porque es la firmeza de ánimo que nos sustenta hasta obtener la
victoria. Dios es el único digno de confianza; creamos en Él; ya oyó nuestro
clamor desde los cielos.
A
partir de ahora nuestra meta será “Esperar en el Señor” diariamente como una
práctica constante, y de esta manera la “FE” aumentará en nuestras vidas.